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Globalizar la Solidaridad

Ante la realidad tan complicada de nuestro tiempo por una globalización avasallante del SISTEMA CAPITALISTA cabe bajar los decibeles de los desencuentros, de la discordia que se ha instalado como costumbre en todos los países del mundo.

Este estado de situación da como resultado el empobrecimiento, la inseguridad, una decadencia en creciente, una pérdida del nivel educacional, una desarticulación de la salud en términos de prevención que no permite controlar y menos dominar las epidemias.

Decimos ligeramente que estamos tocando fondo, pero es muy poco lo que nos preocupa realmente, pues lo hemos asumido como si eso fuese estructural y debemos, en consecuencia aceptarlo como algo a lo que tenemos que adaptarnos inexorablemente.

Las catástrofes de origen climático son cada vez más desoladoras. Sin embargo, no demostramos ningún interés por buscar herramientas y medidas que sean paliativas, tan siquiera.

La especie Homo sapiens, a lo largo de la historia, ofrece como camino de salvación el testimonio de hechos de carácter solidario, que son los que le permitieron resistir los embates de las adversidades y adueñarse de extensiones enormes de la superficie de la Tierra para la subsistencia.

Organizando la solidaridad, de diversas formas, ha logrado superar las crisis y reponerse de cataclismos, producir, industrializar, comercializar y consumir.

Sabemos entonces que si acudimos a la solidaridad y nos organizamos en torno a ella nos resulta posible solucionar problemas que de manera individual nos serían de fatales resultados.

Hoy la desintegración social pareciera ser el mejor de los negocios.

¿No deberíamos entonces convocarnos para hablar entre nosotros, impulsar la costumbre del diálogo y participar con generosidad en la búsqueda de propuestas conducentes para una convivencia más acorde con las necesidades para el desarrollo social, mediante revoluciones pacíficas, de las que han dado pruebas fehacientes las cooperativas y las mutuales, las cooperadoras y otras formas de organización?

Es posible. En el mundo se han llevado a cabo emprendimientos solidarios que han generado fuentes de trabajo e indirectamente han dado una dinámica económica que ha trascendido el ámbito específico de las organizaciones; estas empresas se adecuan para encarar la economía de manera democrática, igualitaria y equitativa.

Es imperioso que echemos manos a lo que ya sabemos que sirve para solucionar problemas colectivamente y avanzar en tal sentido, con el propósito de revertir la tendencia que describimos al comienzo.

La sociedad toda debe tomar conciencia y movilizarse rescatando estas herramientas económico sociales tomando como epicentro a las empresas existentes y promoviendo la creación de nuevas, estimulando desde la educación pública una tendencia proclive a la adopción de la solidaridad, desechando la competencia, proponiendo y fomentando la actitud de compartir.

No es fácil, pero debemos empezar por lo que es un imperativo: superar las divisiones y mezquindades sectoriales mediante un diálogo productivo, demostrándonos a nosotros mismos que no todo está perdido, que se puede luchar por causas comunes y promover la democratización del poder socializando el saber. La economía se puede administrar sin que el único camino sea la acumulación. Los problemas colectivos requieren soluciones por medios colectivos, para garantizar la transparencia en la gestión y en la distribución. Sólo así será viable la inclusión.

Sólo así será posible la paz y la armonía.

Está visto que como vamos, no sólo en Argentina sino en el mundo, no salimos de la miseria ni de la pobreza, y ello no nos permite luchar contra el hambre.

Deberíamos centrar nuestros esfuerzos en buscar una empatía entre los hombres y los pueblos dentro de la globalización de la solidaridad. Este es el gran desafío al que la naturaleza nos reta para que la cuidemos y nos defendamos de sus enfurecidas respuestas de las que en gran parte somos responsables.

Si no somos capaces de prevenir lo somos aún menos de curar. Las organizaciones solidarias no son panacea en sí mismas pero sí entre todas coordinadamente pueden potenciar las reparaciones necesarias.

por Pedro Aguer , especial para Mundo Rural

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Rosario Perriere

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