Lecheria Opinión

El Brasil de las dos leches

Este artículo fue desarrollado para complementar y expandir el análisis muy bien formulado por Marcelo Pereira de Carvalho en “La solución de los problemas de la leche en Brasil” de 24/08/2017.

En el artículo “La solución de los problemas de la leche en Brasil” quedó claro que el problema de la cadena de leche brasileña no se solucionará con una simple política arancelaria. Según el artículo también tenemos que invertir mucho aún en eficiencia y productividad para tornarnos más competitivos y no depender de subsidios. Pero … ¿será?

Desafortunadamente la cosa es un poco más complicada. El investigador y jefe general de Embrapa Gado de Leche, Paulo Martins defendió, incluso en un artículo publicado por MilkPoint, que la leche debe tratarse como asunto de Estado. “Es así en todas partes del mundo. No hay ningún país que trabaje con libre comercio en lo que se refiere a la leche. Y difícilmente se encuentra alguno. En Canadá existen cotas, en los EE.UU. el “Milk marketing orders”, el “MPP-Dairy” y el “DPDP”. En la Unión Europea (UE) ya ha habido varios subsidios y hoy hay los pagos por reducción de producción, entre otros. Así como hay una presión en Canadá para que caiga el sistema de cuotas, hubo en la UE durante mucho tiempo.

El problema es que los productores no se daban cuenta de que eran las cuotas quienes mantenían el precio “alto” a su leche. Una vez que el sistema cayó llevando juntos los precios de la leche pagados al productor, vimos productores franceses haciendo protesta todos los días porque el valor recibido ni siquiera cubría los costos de producción. ¿Qué sucedió? La UE vuelve a subsidiar a sus productores de leche, ahora pagando a aquellos que deciden reducir su producción, retornando en partes al sistema de cuotas. No logran deshacerse de los subsidios al sector.

Canadá, EE.UU., y la UE poseen los sistemas de producción más eficientes del planeta, con productividades estratosféricas. Los parámetros de nuestra (nunca aplicada) IN-62 ya cumplieron desde hace décadas, el poder de consumo (demanda) de ellos es muy superior al nuestro y aún así hay políticas de estado al sector lechero. Es incluso explicable: sistemas intensivos confinados son generalmente frágiles, con márgenes siempre muy pequeños, donde cualquier alza en el precio de los insumos o caída en el precio del producto ya pone la actividad en riesgo.

En esta historia, quien consigue girar “sin” (sí, entre comillas) subsidios, incluso en dificultades, es Nueva Zelanda, con su sistema intensivo, pero a base de pasto, lo que no la deja tan vulnerable a las fluctuaciones de precios de insumo y producto. Y pasan otra vez: quien mantiene el sistema más eficiente de producción de leche en la Unión Europea es Irlanda, siendo el único, o uno de los pocos, con su producción mayoritariamente a la base de pasto. Parece que ese es el único modelo que sobrevive en un mundo sin, o con menos proteccionismo. De ahí acompañamos cada día más y más expertos diciendo que la salvación de la producción de leche en Brasil es el confinamiento. Simplemente no tiene sentido en un país donde podemos tener pasto todo el año querer imitar los sistemas confinados de países donde el sector sobrevive a costa de subsidios. Vamos a andar en círculos, ponerse más eficientes y continuar dependiendo de los subsidios, así como ellos. Pero eso es sólo un detalle.

Otro problema es el costo Brasil que de hecho es alto y necesitamos mucha inversión en infraestructura básica, empezando por una red eléctrica estable y una red carretera-ferroviaria decente. Hay que mirar hacia el sector de la leche como hace décadas hacemos con otros sectores -entre los cuales- estamos entre los más competitivos del planeta, pues productores de soja, maíz, pollo, porcino y buey reciben tecnología de punta costeada por el gobierno / contribuyente por medio de la Embrapa y otros institutos y un plan de cosecha con tasas bajísimas, que no se encuentran por ahí en el mercado. También hay Conab, una hermosa herramienta de composición de stock entre otros programas de apoyo. Pero ese es sólo otro detalle.

Ahora qué hacer con la leche? ¿La obligación de la IN-62 y quién no cumple está fuera?

No sé si muchos aquí recuerdan o leyeron lo que ocurrió en la región sur de Brasil en la década de 1980, con las más de 52 mil familias excluidas del sector de aves y porcinos con la intensificación e integración de los sistemas de producción. Respuesta: ellas migraron a la leche como forma de supervivencia en el medio rural.

En consecuencia, el sector se expandió y surgieron muchas cooperativas singulares y centrales para beneficiar a esta producción. De ahí pregunto: si intensificamos la producción de leche – de la misma forma – a dónde van a migrar las más de 412 mil familias (IBGE, 2006) productoras de leche sólo en la región Sur? Tenemos suficientes industrias para absorber toda esa mano de obra?

La respuesta de esta pregunta es: NO, no tenemos. La leche es la base de la economía rural, el sustento de las familias y la gran fuente de empleos en el campo, sobre todo de jóvenes y mujeres. Se estima que 4 millones de personas, 40% de los puestos de trabajo en el medio rural, son generados por el sector lácteo, además de 1,3 millones de productores (IBGE, 2016). La mirada hacia ese sector como la visión simplista de la maximización de beneficios es un equívoco, por lo que las políticas para él deben tener en cuenta esta función secundaria, o incluso primaria de la leche.

Hay que tener apertura comercial, tenemos que correr detrás de Uruguay y Argentina en términos de eficiencia productiva, pero no se puede dejar el sector al libre mercado esperando que ocurra otro problema de exclusión masiva, cometiendo el mismo error de antes. El mercado está lleno de distorsiones, y en la leche más aún. No tengo ni idea dónde estos agricultores puedan migrar esta vez.

Brasil tiene que ser analizado por lo que es, y tenemos que dejar de imitar a quien nos gustaría ser sin al menos antes tener una reflexión sobre nosotros mismos. Hay dos realidades en el sector de la leche en Brasil, una con alto nivel tecnológico (la de la leche commoditie), como en el Centro-Oriental del PR por ejemplo, y otra con su agricultura familiar y de economía solidaria (la de la leche fuente de la renta) como la región Suroeste del PR por ejemplo. A partir de ahí, los investigadores y expertos en la cadena, deben diseñar políticas distintas y adecuadas para cada contexto en un proyecto de aumento de la competitividad que incluya a todos los que estén dispuestos a ser más competitivos.

Para llegar a ese nivel de competitividad que Marcelo citó necesitamos incentivos a la exportación, reducción de tributación de insumos, incentivo a fusiones de las cooperativas (ganancia de escala en procesamiento de materia prima), a la agregación de valor, apoyo tecnológico y de infraestructura, pero al mismo tiempo mejorar las compras institucionales, microfinanciamientos, extensión rural, educación, profesionalización y emprendimiento en el campo para que los pequeños productores no sólo sean excluidos, sino que tengan noción de cómo poder progresar y adecuarse al mercado competitivo. ¡Ah y! En sistemas intensivos a base de pasto, por favor! Tal vez podríamos mejorar los problemas estructurales de la cadena sin crear un problema paralelo. Esta generación de agricultores y sus hijos están percibiendo que quien no se vuelva más eficiente, probablemente estará fuera en un futuro próximo. Basta un poco de direccionamiento para que estas unidades productivas se adapten al mercado competitivo.

Realmente nuestro potencial de crecimiento es enorme y tenemos mucho que evolucionar como cadena productiva. El problema es definitivamente estructural, pero mucho más complejo de lo que se viene discutiendo. Y no sólo en términos sociales, sino económicos. Mantener estas personas en el campo es fundamental, y cuanto más productivas ellas y sus tierras sean, mejor. Mejor para ellas, para el sector y para la economía nacional.

traducido por el OCLA de MilkPoint por Caetano Beber

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Rosario Perriere

Rosario Perriere

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