Opinión

La cuestión política

La política ya no es la cuestión fundamental. Es ignorada como ciencia por la mayoría y es tergiversada por quienes se ocupan de sus asuntos en el Estado, pero lo es también en la actividad de los partidos políticos y de las distintas organizaciones que deberían practicarla con esmero y claridad, en función de las necesidades del pueblo.

Los valores tradicionales han sido sustituidos por un pragmatismo vinculado directamente a los intereses del poder económico mundial. Lo financiero ha reemplazado lo humanístico en todos los órdenes. La educación es direccionada hacia la competencia, el individualismo y la especulación.

El Estado que debería atender las necesidades y los intereses del conjunto social se ocupa de resolver los problemas de la macroeconomía, que es por donde pasa el esquema globalizador en detrimento de los hogares de los trabajadores, que están perdiendo día a día las posibilidades de sustentabilidad, para poder crecer hacia la creación de condiciones consustanciadas con el progreso.

El lucro es lo que interesa, no el servicio.

Los temas fundamentales son menospreciados por la llamada clase política, y son postergados o nunca tratados en el Congreso, o cuando lo son pareciera que se los utiliza como pantalla para ocultar segundas intenciones.

Los sueldos y dietas del funcionariado son altísimos, mientras que los niveles salariales de la mayoría permanecen prácticamente congelados en cifras irrisorias.

Los poderes de la República no actúan con la debida independencia.

Los representantes del pueblo olvidan su función específica y lo hacen en obediencia o connivencia con el Ejecutivo. La Justicia sufre un deterioro que la ha desprestigiado, perdiendo así el rol de ser el reaseguro de la convivencia en armonía, subsumiéndose en la decadencia que se ha generalizado.

Educación para el trabajo, para la solidaridad, para la libertad, para la equidad, pero sobre todo para el respeto a los derechos y con un compromiso verdadero con las obligaciones, es lo único que podrá rescatarnos de este naufragio en el que nos encontramos los argentinos.

Todo lo demás será más de lo mismo. No saldremos de los déficits y de las deudas con medidas económicas circunstanciales, que responden siempre a los intereses de las minorías que detentan el manejo de la riqueza del País, que es inmensa pero injustamente distribuida.

Quédale a los jóvenes tomar la posta y desprenderse de compromisos corporativos constituyéndose en la vanguardia de una salvación imprescindible, que nos devuelva el horizonte de las realizaciones creativas con sentido social y comunitario. Tienen el futuro para construir desde su pureza, eliminando las malezas de una sociedad que se está enfermando cada vez más en manos de quienes han hecho de la política un curro miserable de enriquecimiento personal. En manos de autoritarios que por razones inciertas se autotitulan de izquierda o de derecha, como si el pueblo fuese un objeto de sus mezquinos intereses.

Pueden y deben proyectarse con sentido patriótico, produciendo los cambios que requiere la Nación para consagrarse en el respeto de la comunidad internacional.

Para eso es la Política como ciencia y como práctica. No para llenarse los bolsillos de dinero mal habido, robándoselo al Pueblo.

por Pedro Aguer, columnista de Mundo Rural

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