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Maíz en Entre Ríos: la tendencia es igualar o incrementar levemente el área implantada

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La siembra de maíz para el ciclo 2018/19 tiene una tendencia a igualar o bien a incrementar levemente el área implantada en el ciclo 2017/18 que fue de 316.400 hectáreas (ha). Esta área incluye tanto al maíz de primera como al de segunda y/o tardío, indicaron hoy en el informe semanal del Sistema de Información de la Bolsa de Cereales de Entre Ríos (SIBER).

Si bien aún faltan dos meses para iniciar la siembra de maíz de primera en la provincia, los semilleros indicaron que hasta la fecha las ventas en la precampaña se la puede calificar como buena. Estas ventas se direccionaron fundamentalmente a los productores grandes, en cambio el productor mediano y pequeño no ha definido su posición debido a que tiene limitada su financiación.

Según el SIBER, otro factor que puede influir de manera positiva en el área de maíz es la faltante de semilla de soja, asociada al aumento de su precio, dado que las lluvias ocurridas en los meses de abril y mayo afectaron su calidad.

Con respecto al precio de la bolsa de maíz, el mismo se mantuvo sin grandes variaciones respecto al año pasado.

Por otra parte, el Servicio Meteorológico Nacional informó que: “de acuerdo a los modelos dinámicos y estadísticos, en el trimestre julio-agosto-septiembre (JAS) 2018 se prevén condiciones neutrales con un 55 % de probabilidad de ocurrencia. Hacia fines del invierno y durante primavera aumenta la probabilidad de que se desarrolle un Niño”. Lo cual históricamente aporta un mayor monto en las precipitaciones estivales y esto se asocia directamente con mejores perspectivas de rendimiento.

Cabe destacar que la inclusión de maíz en la rotación contribuye a mejorar la estabilidad del sistema de producción, a mantener la calidad de los recursos y el potencial productivo de nuestros suelos y también es uno de los insumos principales en la producción avícola y porcina de Entre Ríos.

Tendencia climática

Con la entrada al trimestre frío las temperaturas del Pacífico Ecuatorial central han evolucionado sin mayores novedades. Si bien es cierto que respecto del mes pasado, puede reconocerse una tendencia positiva de la anomalía de la temperatura superficial del mar sobre la línea ecuatorial, la misma es insignificante como para consolidar una salida a un escenario Niño durante la primavera. No obstante y a pesar de su modestia, este muy incipiente calentamiento aleja la posibilidad de un semestre cálido bajo un episodio La Niña, algo que, aun visto desde julio, generaría un sinfín de especulaciones acerca de un potencial escenario negativo para el desarrollo de la gruesa. A esta altura del año, la lectura correcta que podemos hacer de este indicador de escala global, es que es prácticamente nula la posibilidad de que sobrevenga un enfriamiento en las aguas del Pacífico central. Queda por ver si la neutralidad que domina la condición actual se mantiene o evoluciona hacia un calentamiento.

Por otra parte, las aguas del litoral Atlántico, muestran una tendencia hacia la normalización, al menos sobre la zona de mayor importancia, es decir la costa brasileña y uruguaya. Esta condición térmica del Atlántico mantiene lejos la posibilidad de que el resto del invierno se vuelva muy húmedo o que se reproduzca una condición similar a la observada durante el invierno pasado, donde la sobreabundancia de precipitaciones fue importante.

Desde mediados del mes de mayo las lluvias han mostrado un retroceso significativo. Sin dudas esto queda asociado al cambio de circulación en la transición del otoño para el invierno. La misma se dio con importantes irrupciones de aire polar que favorecieron el retroceso del aire tropical hacia fuera de la región pampeana. La recuperación de la circulación del noreste ha sido ocasional y no ha logrado imponerse. El invierno se viene ajustando a un patrón térmico esperado, mucho más frío que el del año pasado.

Para el resto del trimestre frío la clave para la evolución del clima vendrá dada por el comportamiento de la circulación. Como hemos visto durante junio se dio un mes seco debido a que prevalecieron los vientos del oeste sudoeste. Sin embargo la transición hacia julio viene siendo fría, pero más húmeda, con vientos predominando del este y del sudeste.

Si el cambio observado recientemente se sostiene, el mismo se verá reflejado en un patrón con mejor oferta de agua, no sobrada, pero con mejor nivel de lluvia que junio. Nuevamente durante el mes de julio, lo normal es esperar precipitaciones del con piso en los cuarenta milímetros que crecen hacia el noreste hasta unos sesenta milímetros. Es posible que este período tienda a lograr estas marcas pluviales. Si se valida este patrón el ingreso al mes de agosto sería bajo condiciones similares, con buena provisión de agua pero sin eventos sobre abundantes que puedan generalizar excesos.

En cuanto a temperaturas, se espera que el resto del invierno se presente en general más frío que el del año pasado, pero sin que se perfilen condiciones rigurosas sostenidas. Es decir, se espera una evolución térmica más cercana a los valores estadísticos.

Los indicadores que se pueden monitorear para delinear el contexto en que se moverán las dos principales variables, parecen inclinarse por una situación de lluvias normales o ligeramente superiores a los valores estadísticos y con temperaturas más frías que las observadas el invierno pasado. Estas circunstancias son favorables para el desarrollo de la fina.

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