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Cartas echadas, candidatos en la calle

Por Mario Alarcón Muñiz

Sin mayores sorpresas cerraron las listas de candidatos a legisladores nacionales. Unos quieren seguir, otros cambiar de puesto, algunos han resucitado y hay escasas propuestas de renovación.

Los nombres de los candidatos ya están en la calle. Disponemos de seis semanas para analizarlos y votar en las elecciones internas abiertas del 11 de agosto. Por esto mismo se trata, en rigor, de precandidatos. Ese día los ciudadanos decidiremos quiénes siguen en carrera hasta el 27 de octubre, para ocupar las bancas legislativas nacionales en juego.

Este proceso electoral abierto en la práctica desde principios de año, relega el tratamiento de otros asuntos importantes para la vida del país, pero es necesario. Del mismo depende el buen funcionamiento de la democracia.

A los protagonistas les concierne la responsabilidad de no confundir las cosas ni perder el rumbo. Los problemas no desaparecen porque haya elecciones. Inflación, corrupción,  energía insuficiente, caída de la producción, desempleo, pobreza, economías regionales en crisis, inseguridad, nos agobian junto a otras cuestiones de la actualidad, pese a su desplazamiento de estos días a segundo plano.

Para el oficialismo esos problemas no existen o el gobierno los tiene controlados. Para la oposición son motivo de campaña, pero por ahora interesan más los acuerdos, los desacuerdos y cómo se ha llegado a los nombres y su ubicación en las listas.

Una clara distorsión

Una evidencia del extravío y la mediocridad que imperan en la política argentina (oficialismo y oposición), fue proporcionada esta semana por la importancia que los dirigentes y los medios asignaron a las indefiniciones y volteretas de Daniel Scioli y Sergio Massa. Que si, que no, que vamos a ver, que quién sabe, que tal vez. La ambigüedad como emblema. Los ciudadanos pretendemos definiciones, no gambetas.

Ambos dirigentes tienen funciones otorgadas por sus respectivos electores -merecedores del mayor respeto, claro está- hasta 2015. Sin embargo, en ellos se han centralizado las negociaciones y los comentarios políticos, como si nuestro país se redujera a lo que determina la provincia de Buenos Aires.

La semana ha sido, por otra parte, una muestra de la distorsión que padecemos los argentinos. Las cosas son importantes si suceden en la Capital Federal y la provincia de Buenos Aires. Es innegable la gravitación electoral de ambas jurisdicciones (casi la mitad del país), pero las otras provincias no son de palo. También existen.

Pensando en 2015 

Más que en las próximas elecciones legislativas, las conversaciones e informaciones de estos días han girado -aunque se lo oculte o disimule- en torno de la renovación presidencial. Se habla ahora, pensando en 2015. Por eso aparece Scioli en el centro de la escena. Ya manifestó hace un año sus deseos de llegar a la Casa Rosada y eso provocó la irritación de la Presidenta y sus allegados. Marginación primero, rechazo después, reproches y desaires en público, hostigamiento y recorte de fondos,  sometieron al gobernador bonaerense a dura prueba. ¿Paciencia o sumisión? He ahí el dilema.

Mientras tanto, en un orden político normal no se halla mayor explicación al salto de Massa a primer plano. Cierto es que apenas ha pasado los 40 años, parece simpático, fue jefe de gabinete de CFK durante tres meses en 2008 (entre los Fernández, Alberto que se fue y Aníbal que llegó) y es intendente de Tigre donde -según  diversos analistas- ha cumplido una gestión aceptable.

Siendo dignos de consideración, se duda de que esos porotos sean suficientes para ganar un truco presidencial. De lo que no se duda es de la falta en la política argentina actual, de figuras convincentes, convocantes, formadas, con perfil de estadistas y trayectoria, planes, estudios, capaces de generar consenso. ¿Es pedir mucho?

Los de siempre 

En las listas de precandidatos oficializadas anoche se observan reelecciones, saltos de un puesto a otro, escasos nombres nuevos (la mayoría de relleno, muy pocos en posición de resultar electos) y algunas resurrecciones, como las de Jorge Obeid en Santa Fe y Domingo Cavallo en Córdoba.. Más o menos los de siempre.

La democracia es esencialmente renovación. Sin esa idea, tambalea.  No obstante, nuestros “grandes demócratas” por lo general quieren quedarse. Si por algún motivo no pueden o las circunstancias desaconsejan la permanencia u ocupación de un cargo, ahí están el hijo o la esposa (o el esposo, según el caso) a disposición. Ha ocurrido. Y sucede.

En las listas de Entre Ríos el FpV propone la continuidad del senador Pedro Guastavino (ex diputado provincial, ex vicegobernador) y el pase del ministro de Educación, José Lauritto (ex vicegobernador) a una banca de diputado nacional. Todos deberán enfrentar a los precandidatos del BASTA que encabeza Héctor Maya (ex diputado y senador).

En la UCR el diputado nacional Atilio Benedetti se postula a senador. Las candidaturas a diputado no estaban cerradas al momento de escribir esta nota, pero no se esperaban mayores sorpresas..

Por el FAP, el diputado provincial socialista Lisandro Viale (ex diputado nacional) es candidato a senador, en tanto que Américo Schvartzman (ex constituyente provincial) encabeza la nómina de candidatos a diputados nacionales.

La única figura que se presenta en la contienda entrerriana sin antecedentes políticos, es  Alfredo de Ángeli. El dirigente agrario, cabeza de la Agrupación Pancho Ramírez, tejió una alianza con el PRO, Unión por la Libertad (de Patricia Bullrich) y Unidos por Entre Ríos, que es a su vez otra alianza liderada por Jorge Busti e integrada por el Frente Entrerriano Federal, Nuevo Espacio, el Partido Popular de la Reconstrucción y el Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo. La lista de candidatos a diputados nacionales propone la reelección de Cristina Cremer de Busti.

Las cartas están echadas. Pero todavía hay mucha tela para cortar.

 

 

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