Destacada Opinión

Educar para el progreso económico y social

Columna sobre cooperativismo por Pedro Aguer.
Compartir:

Evidentemente, la realidad de la pandemia ha tendido sobre la humanidad un oscuro manto de incertidumbre.

La ciencia está dando la lucha denodadamente, abriéndose paso hacia la tan deseada como necesaria vacuna.

Lo cierto es que, esta situación, ha puesto en evidencia que no estábamos preparados para enfrentar los imprevistos que suceden de tanto en tanto, sin los establecimientos hospitalarios, sin los elementos de la emergencia, con profesionales de la salud relegados salarialmente.

La circunstancia es elocuente, lo suficiente como para racionalizar mejor los recursos previsionales, invertir más en lo necesario y dejar de gastar en el belicismo y superfluidades de la opulencia. No podemos, los argentinos, permanecer indiferentes ante la pobreza que revela el estado de ignorancia en el que se desempeña la clase dirigente.

La paz es el cultivo de la vida, la guerra es la muerte.

Al pueblo argentino no lo salvarán los rusos, los yankis ni los chinos. Se salvará a sí mismo o no logrará salvarse con independencia y dignidad.

Por esta razón contundente deberíamos orientar el sentido de la educación con destino a la formación de un ser humano cada vez más libre.

Lo que ha promovido la superación de todas las crisis ha sido, claramente, la solidaridad.

Pero la solidaridad no es un fenómeno de la generación espontánea. Es la aplicación del sentido común en acción.

Es el esfuerzo propio para la ayuda mutua. Es la aparición en la superficie de lo mejor del individuo en el bienestar colectivo.

Insistimos, entonces, con la herramienta cooperativa, como estructura organizacional de la solidaridad.

Su doctrina y sus organizaciones, se prestan, además del fin específico de para qué se las crea, la práctica social en ellas es fundamentalmente educativa.

Al ser de administración democrática, de adhesión libre y voluntaria, equitativa en la distribución de los excedentes, comprometida con los problemas de la comunidad, y con la formación e información de los asociados, no queda duda de cómo influye todo esto en la construcción de una convivencia adecuada a la normalidad de una sociedad más justa y más cuidadosa de la naturaleza, en concordancia con las necesidades sentidas de las poblaciones.

Ello amerita una mayor dedicación de la política de modo similar a cómo se administra la economía al servicio del hombre y no de la acumulación obscena y despiadada de la especulación.

Si los niños practican ensayos cooperativos en las escuelas, irán adquiriendo una formación dirigida a vivir solidariamente también como ciudadanos.

Dice el padre José María Arizmendiarrieta, quién condujo la experiencia cooperativa más importante del mundo, en la ciudad de Mondragón, en el País Vasco:

“Para democratizar el poder hay que socializar el saber”,

y Pitágoras nos dejó esta sentencia irrebatible:

“Si educas al niño evitarás castigar al hombre”.

La grieta actual, empapada de incertidumbre será superada con más educación, no con las divisiones absurdas de una tendencia a la desaparición de la república. La pequeña república cooperativa con su división de poderes en el gobierno de la empresa, y con la práctica democrática de las asambleas, tiene mucho para dar a la formación cívica de la sociedad en su conjunto.

por Pedro Aguer

Compartir:
error: Si reproduce información de este medio, por favor, citar la fuente
WhatsApp chat