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El pasto no se mancha

Fútbol y agricultura se relacionan mucho más de lo que se cree. La más obvia es a través de los alimentos que consumen los deportistas para realizar su actividad en óptimas condiciones físicas. Ni hablar del fútbol a nivel profesional. Pero más allá de los alimentos, también hay un elemento muy importante del que se habla poco pero se usa mucho: el césped en los campos de juego.

Una cancha de fútbol profesional tiene alrededor de 60 millones de plantas de césped. Es mucho. Pero además de la cantidad tiene que se de buena calidad porque tiene que ser fuerte para resistir el pisoteo constante durante los partidos y los entrenamientos. También debe recuperarse rápido después de la intensidad de un partido y mucho más rápido cuando se usó bajo la lluvia.

En la actualidad, las canchas tienen distintas variedades de césped y en muchos casos, son tipos de pastos especialmente desarrollados para los clubes y estadios.

Un césped para profesionales debe cumplir con varios requisitos: que se mantenga todo el año, que tenga alta resistencia al tránsito (pisoteo), que no requiera demasiado riego y que sea tolerante a las principales plagas de cada lugar.

Por todo esto, dar y obtener con estos tipos de césped es todo un desafío para los ingenieros agrónomos.

Para evaluar la resistencia al tránsito en un tipo de pasto específico, por ejemplo, es muy difícil y costoso. Primero porque se debe probar en la realidad y probando distintos métodos de sembrado, riego, etc. Por eso se simula con una maquinaria especial que simula las pisadas de los jugadores. Se prueba en pequeñas parcelas y “panes” generalmente de unos pocos metros cuadrados.

Pero con los años, a pesar de estos desafíos, se obtuvieron buenas variedades de césped aptas para el deporte en estadios. Hay varias especies de gramíneas (“pastos”) que habitualmente se usan. La gramilla (cuyo nombre científico es Cynodon dactylon) es una especie resistente al pisoteo, al calor y la sequía. Se usa para parques públicos y estadios de fútbol.

El más usado es el raigrás (Lolium perenne) porque se adapta bien a climas variados y también se banca el pisoteo intenso y constante. La festuca (Festuca arundinacea) es todoterreno, porque resiste el pisoteo y necesita poco mantenimiento, aunque es poco denso y por eso se lo usa en mezclas con otras especies para lograr cobertura total.

En la actualidad, la “bermuda híbrida” es el césped más usado en los estadios. Fue mejorada para soportar el pisoteo intenso y recuperarse rápidamente después de los partidos. Existe, además, una variedad llamada Raigrás Perenne FABIÁN, desarrollada por una empresa especializada en mejoramiento de pastos para césped, y que es ideal para campos deportivos porque además de resistir al estrés por pisoteo, es resistente a la falta de agua. Esto es clave, porque no hace falta regar tanto la cancha y así ahorrar un recurso valioso como lo es el agua.

El desarrollo de nuevas variedades de césped es un trabajo intenso y continuo, y está en manos de especialistas, llamados fitomejoradores. Se lleva a cabo tanto en empresas privadas como en instituciones públicas. Su desarrollo en cuanto a investigación puede llevar mucho tiempo (unos 20 años) y por último, no es nada económico. Un programa de mejoramiento puede costar unos 250 mil dólares por año y de ahí para arriba.

Está claro que para salir campeón no solo se necesitan goles, sino también una buena cancha.

Fuente: AgroCultura

 

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