Dios en la Tierra

¡Fiesta en el cielo! Argentina ya tiene su primera santa, Mama Antula

Argentina ya tiene su primera santa, Mama Antula, la laica consagrada que ha sido elevada a los altares en una multitudinaria Misa presidida por el Papa Francisco este 11 de febrero en la Basílica de San Pedro del Vaticano.

Miles de fieles y religiosos fueron llegando al templo desde primera hora de la mañana para participar en esta histórica ceremonia, que comenzó a las 9.30 horas (hora de Roma).

El presidente de Argentina, Javier Milei, llegó a la basílica junto a la delegación del país unos 20 minutos antes de que diera comienzo la Eucaristía. Tras saludar a algunos de los más de 500 argentinos presentes, ocupó su lugar en una de las primeras filas del lado derecho del altar.

Antes de que diera comienzo la Santa Misa, el Cardenal Semeraro, Prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, leyó la biografía de Maria Antonia de San José Paz y Figueroa, conocida por todos como Mama Antula y considerada “la madre espiritual de la nación”.

Crédito: Daniel Ibáñez/ ACI Prensa

Que Mama Antula nos ayude “a crecer en la caridad según el corazón de Dios”

En su homilía leída en italiano, el Papa Francisco remarcó que “en un contexto marcado por la miseria material y moral”, la nueva santa “se desgastó en primera persona, en medio de mil dificultades, para que muchos otros pudieran vivir su misma experiencia”.

Así, Mama Antula “involucró a un sinfín de personas y fundó obras que perduran hasta nuestros días. Pacífica de corazón, iba ‘armada’ con una gran cruz de madera, una imagen de la Dolorosa y un pequeño crucifijo al cuello que llevaba prendida una imagen del Niño Jesús”.

También recordó que la santa argentina solía decir que “la paciencia es buena, pero es mejor la perseverancia”, e instó a que su ejemplo y su intercesión “nos ayuden a crecer en la caridad según el corazón de Dios”.

“Las lepras del alma”

En el día en que la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Enfermo, el Papa Francisco advirtió acerca de las “tres causas de la injusticia”, las que definió como “las lepras del alma”: el miedo, el prejuicio y la falsa religiosidad.

Al reflexionar sobre el pasaje del Evangelio, que trata sobre un enfermo de lepra que es marginado, puesto bajo prejuicio y descartado, el Santo Padre precisó que esta enfermedad “se asocia todavía a actitudes de marginación” y advirtió que no es “una cosa del pasado”.

“Cuántas personas que sufren encontramos en las aceras de nuestras ciudades, y cuántos miedos, prejuicios e incoherencias, aun entre los que creen y se profesan cristianos, contribuyen a herirlas aún más”, lamentó el Papa Francisco.

El remedio a las enfermedades: tocar y sanar como hizo Jesús

Para “sanar” estas enfermedades, el Papa Francisco propuso imitar el ejemplo de Jesús, quien “toca y sana”.

El Santo Padre subrayó que el “camino” de Jesús, quien tocó al leproso a pesar que sabía que podrían rechazarlo, “es el del amor que se acerca al que sufre, que entra en contacto, que toca sus heridas”.

Señaló además que Dios “no permaneció distante en el cielo, sino que en Jesús se hizo hombre para tocar nuestra pobreza”.

“Y frente a la ‘lepra’ más grave, la del pecado, no dudó en morir en la cruz, fuera de los muros de la ciudad, repudiado como un pecador, para tocar nuestra realidad humana hasta lo más hondo”.

Al mismo tiempo, el Papa Francisco aseguró que esto “no es fácil” y que para lograrlo “debemos vigilar cuando en el corazón se asoman los instintos contrarios a su hacerse cercano y a su hacerse don”.

Esto ocurre, según el Pontífice, cuando “tomamos distancia de los demás para centrarnos en nosotros mismos, cuando reducimos el mundo a los recintos de nuestro ‘estar bien’, cuando creemos que el problema son siempre y solamente los demás”.

“En estos casos tengamos cuidado, porque el diagnóstico es claro: se trata de ‘lepra del alma’, una enfermedad que nos hace insensibles al amor, a la compasión, que nos destruye por medio de las ‘gangrenas’ del egoísmo, del prejuicio, de la indiferencia y de la intolerancia”.

Además, aseguró que “si no se actúa de inmediato, la infección crece y se vuelve devastadora”.

“Es dejándonos tocar por Jesús que sanamos por dentro, en el corazón. Si nos dejamos tocar por Él en la oración, en la adoración, si le permitimos actuar en nosotros a través de su Palabra y de los sacramentos, el contacto con Él nos cambia realmente, nos sana del pecado, nos libera de las cerrazones, nos transforma más allá de cuanto podamos hacer por nosotros mismos, con nuestros propios esfuerzos”.

Crédito: Daniel Ibáñez/ ACI Prensa

¿Hago que Jesús toque mis lepras?

Además, explicó que las heridas deben presentarse al Santo Padre en la oración: “Pero no una oración abstracta, hecha sólo de fórmulas repetitivas, sino una oración sincera y viva, que deposita a los pies de Cristo las miserias, las fragilidades, las falsedades, los miedos”.

En este sentido, animó a los fieles a hacerse la siguiente pregunta: ¿Hago que Jesús toque mis “lepras” para que me sane?

Cuando nos dejamos tocar por Jesús, afirmó el Pontífice, “los tejidos del corazón se regeneran; la sangre de nuestros impulsos creativos vuelve a fluir cargada de amor; las heridas de los errores del pasado se curan y la piel de las relaciones recupera su consistencia sana y natural”.

De esta forma, también “retorna así la belleza que tenemos, la belleza que somos. Sintiéndonos amados por Cristo redescubrimos la alegría de entregarnos a los demás, sin miedos ni prejuicios, libres de formas de religiosidad anestesiantes y despojadas de la carne del hermano. Así se fortalece en nosotros la capacidad de amar, más allá de cualquier cálculo y conveniencia”.

Además, el Santo Padre aseguró que “sería engañoso pensar que este milagro requiera formas grandiosas y espectaculares para realizarse, porque sucede principalmente en la caridad escondida de cada día”.

“Esa caridad -continuó- que se vive en la familia, en el trabajo, en la parroquia y en la escuela; en la calle, en las oficinas y en los negocios; esa caridad que no busca publicidad y no tiene necesidad de aplausos, porque al amor le basta el amor”.

Por último, invitó a practicar “la cercanía y discreción” y aseguró que “ Dios nos ama así, y si nos dejamos tocar por Él, también nosotros, con la fuerza de su Espíritu, podremos convertirnos en testigos del amor que salva”.

¿Quién es Mama Antula, la laica que será la primera santa mujer de Argentina?

Nacida en 1730 en Villa Silípica, hoy provincia de Santiago del Estero, en el seno de una familia bien posicionada, a sus 15 años María Antonia de Paz y Figueroa desafió las costumbres de la época al anunciar a su padre que no se casaría ni sería religiosa.

¿Qué hizo Mama Antula?

Popularmente conocida como Mama Antula, una forma afectuosa de referirse a Madre Antonia que le dieron los aborígenes quechuas, esta mujer comenzó a acercarse a la práctica religiosa con los Jesuitas, con quienes colaboró durante los siguientes 20 años, convirtiéndose en una laica consagrada al servicio de la Compañía de Jesús, bajo el nombre María Antonia de San José.

En 1767, luego de la expulsión de los Jesuitas de España y, por ende, del Virreinato del Perú —que entonces abarcaba gran parte de América del Sur—, Mama Antula se hizo cargo de llevar de pueblo en pueblo el legado que los religiosos habían dejado en la región, especialmente con la promoción de los ejercicios espirituales de su fundador, San Ignacio de Loyola.

Según explicó el historiador René Galván al medio argentino Nuevo Diario, la futura santa “rompe con las estructuras sociales-religiosas de su contexto histórico. Cuando lo esperable para una mujer de una familia bien posicionada era el casamiento o, en su defecto, que tomara los hábitos como monja, María Antonia asume una postura intermedia: la de ser laica consagrada ante la expulsión de los jesuitas”.

Según recoge la agencia oficial argentina Télam, con ocasión de su beatificación, celebrada en 2016, la postuladora de la causa, Silvia Correale, recordó que su apostolado llevó a la laica santiagueña “a recorrer las provincias del norte argentino, tres mil kilómetros a pie, realizando su misión de un modo muy sencillo, orientada a la conversión de los pecadores y a la salvación de las prácticas a partir de los ejercicios espirituales, cambiando su forma de vida”.

Mama Antula recorrió así las hoy provincias argentinas de Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba, hasta llegar en 1779 a Buenos Aires. Toda esta región era, desde 1776, territorio del naciente Virreinato del Río de la Plata.

Mama Antula | Crédito: Cortesía Conferencia Episcopal Argentina

Mama Antula y los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola

En 1779 llegó a Buenos Aires, sucia, descalza y vestida con un hábito negro que le había entregado un jesuita, caminando por la ruta de esa época que hoy conforma la Avenida Rivadavia. A su llegada fue tratada “de loca, bruja” y fue apedreada, por lo que se refugió en la capilla colonial de La Piedad, relata la agencia AICA.

Allí comenzó a construir su gran obra: la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, que aún hoy se encuentra en funcionamiento, ubicada en la Av. Independencia 1190, edificada sobre terrenos donados y con dinero obtenido a través de la limosna de los fieles.

Por allí pasaron próceres de la época, entre ellos el Virrey Santiago de Liniers, y varios de los “hombres de Mayo”, protagonistas del primer gobierno patrio, como Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Juan José Castelli y Mariano Moreno.

Mama Antula promovía los ejercicios espirituales, sin distinción entre ricos y pobres. Según recoge el diario Perfil, el P. Ramón Tenti, rector del santuario en Villa Silípica y autor de un libro biográfico sobre la futura santa, afirma que su obra evangelizadora fue “titánica” y ayudó a la conversión de unas 70 mil almas en la época del Virreinato del Río de la Plata.

Entre sus tareas, ayudaba a los pobres y marginados; y protegía a las mujeres sin hogar y niños abandonados, a quienes alimentaba, vestía y les daba un hogar, bautizándolos con el apellido “San José”.

Su correspondencia con los jesuitas, con innumerables referencias históricas, es considerada la primera literatura originaria del Río de la Plata.

¿Dónde está enterrada Mama Antula?

María Antonia falleció el 7 de marzo de 1799, y tal como lo indica su testamento, que aún se conserva por escrito, fue sepultada “en el campo santo de La Piedad”, con “un entierro sencillo, de pobre”, relató el P. Raúl Laurencena, párroco de La Piedad, a Télam. Por ese motivo, al construirse la Basílica, fue difícil dar con sus restos aunque finalmente fueron encontrados.

Su tumba fue declarada Sepulcro Histórico Nacional en 2014, y se puede visitar en Bartolomé Mitre 1523, de la ciudad de Buenos Aires.

¿Qué milagros hizo Mama Antula?

Mama Antula fue beatificada por el Cardenal Angelo Amato, enviado papal para la ocasión, el 27 de agosto de 2016, en Santiago del Estero. El milagro que posibilitó su beatificación fue la curación de una religiosa de las Hijas del Divino Salvador llamada Vanina Rosa, quien recuperó la salud en el año 1905.

El segundo milagro, que la llevará a la canonización, ocurrió en 2017 en la provincia argentina de Santa Fe, con la curación de Claudio Perusini, quien ingresó al Hospital Cullen a raíz de un accidente cerebrovascular. La situación era gravísima y el pronóstico, desesperante: 48 horas de vida.

Un amigo de Perusini desde la adolescencia, Mons. Ernesto Giobando —actual Administrador Apostólico de Mar del Plata—, llegó desde Buenos Aires a visitarlo y llevó una estampita de Mama Antula, invitando a los familiares a rezarle. El paciente sobrevivió, se recuperó, y su curación fue atribuida a la intercesión de la santiagueña.

Fuente: ACI Prensa

 

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