Dios en la Tierra

Hoy el santoral recuerda a San Francisco Caracciolo

4 de junio. Viernes de la novena semana del tiempo ordinario. El santoral recuerda a San Francisco Caracciolo y al Beato Francisco Pianzola.

Libro de Tobías 11,5-18a.

Ana estaba sentada con la mirada fija en el camino por donde debía volver su hijo.
De pronto presintió que él llegaba y dijo al padre: “¡Ya viene tu hijo con su compañero!”.
Rafael dijo a Tobías, antes que él se acercara a su padre: “Seguro que tu padre va a recobrar la vista.
Untale los ojos con la hiel del pez; el remedio hará que las manchas blancas se contraigan y se desprendan de sus ojos. Así tu padre recobrará la vista y verá la luz”.
La madre corrió a echarse al cuello de su hijo, diciéndole: “¡Ahora sí que puedo morir, porque te he vuelto a ver, hijo mío!”. Y se puso a llorar.
Tobit también se levantó y, tropezando, salió por la puerta del patio. Tobías corrió hacia él,
con la hiel del pez en su mano; le sopló en los ojos y, sosteniéndolo, le dijo: “¡Animo, padre!”. Después le aplicó el remedio y se lo frotó.
Luego le sacó con ambas manos las escamas de los ojos.
Entonces su padre lo abrazó llorando y le dijo: “¡Te veo, hijo mío, luz de mis ojos!”.
Y añadió: “¡Bendito sea Dios! ¡Bendito sea su gran Nombre! ¡Benditos sean todos sus santos ángeles! ¡Que su gran Nombre esté sobre nosotros! ¡Benditos sean los ángeles por todos los siglos!
Porque él me había herido, pero tuvo compasión de mí, y ahora veo a mi hijo Tobías”. Tobías entró en la casa, lleno de gozo y bendiciendo a Dios en alta voz. Luego informó a su padre sobre el buen resultado del viaje: le contó cómo había recuperado el dinero y cómo se había casado con Sara, hija de Ragüel. Y añadió: “Llegará de un momento a otro, porque está a las puertas de Nínive”.
Tobit salió al encuentro de su nuera hasta las puertas de Nínive, bendiciendo a Dios lleno de alegría. Al verlo caminar con todo su vigor, sin la ayuda de nadie, los habitantes de Nínive quedaron maravillados. Tobit proclamaba delante de todos que Dios había tenido misericordia de él y le había devuelto la vista.
Después se acercó a Sara, la esposa de su hijo Tobías, y la bendijo, diciendo: “¡Bienvenida, hija mía! ¡Bendito sea Dios, que te trajo hasta nosotros! ¡Bendito sea tu padre, bendito sea mi hijo Tobías, y bendita seas tú, hija mía! ¡Entra en tu casa con gozo y bendición!”.
Ese fue un gran día de fiesta para todos los judíos de Nínive, y los sobrinos de Tobit, Ajicar y Nadab, vinieron a compartir su alegría.

Salmo 146(145),2-7.8abc-9a.9bc-10.

Alabaré al Señor toda mi vida;
mientras yo exista, cantaré al Señor.
No confíen en los poderosos,
en simples mortales, que no pueden salvar:
cuando expiran, vuelven al polvo,
y entonces se esfuman sus proyectos.

Feliz el que se apoya en el Dios de Jacob
y pone su esperanza en el Señor, su Dios:
él hizo el cielo y la tierra,
el mar y todo lo que hay en ellos.
Él mantiene su fidelidad para siempre,
Hace justicia a los oprimidos

y da pan a los hambrientos.
El Señor libera a los cautivos,
Abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados,
el Señor ama a los justos
Abre los ojos de los ciegos

y endereza a los que están encorvados,
el Señor ama a los justos
Abre los ojos de los ciegos
y endereza a los que están encorvados,
el Señor ama a los justos
El Señor protege a los extranjeros

y sustenta al huérfano y a la viuda;
y entorpece el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
reina tu Dios, Sión,
a lo largo de las generaciones.
¡Aleluya!

Evangelio según San Marcos 12,35-37.

Jesús se puso a enseñar en el Templo y preguntaba: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David?
El mismo David ha dicho, movido por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha, hasta que ponga a tus enemigos debajo de tus pies.
Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿Cómo puede ser hijo suyo?”. La multitud escuchaba a Jesús con agrado.

Hoy es la fiesta de San Francisco Caracciolo

San Francisco Caracciolo fue un religioso italiano que fundó, junto al sacerdote Agustín Adorno, la Orden de Clérigos Regulares Menores, de la que fue superior general.

A este Santo le decían “el predicador del amor de Dios” porque constantemente hacía alusión en su prédica a la misericordia que Dios tiene con los pecadores. Francisco era un fiel devoto de la Santísima Virgen y Dios le concedió el don de hacer curaciones. En reiteradas ocasiones devolvió la salud a los enfermos con solo hacer la señal de la cruz.

De mente inquieta y de alma dócil a las mociones del Espíritu Santo, encabezó varias iniciativas para extender el Reino de Dios a través de la vida religiosa. Fue el fundador de un gran convento en Nápoles, que pronto se llenó de nuevos religiosos, e hizo lo mismo en Madrid, Valladolid y Alcalá en España.

Francisco Caracciolo nació el 13 de octubre de 1563 en la región de los Abruzos (Italia). A los 22 años le dio una enfermedad a la piel que parecía incurable. Francisco le prometió a Dios que si lo curaba, dedicaría su vida al sacerdocio y al apostolado. De esta manera, curado de milagro, decidió cumplir con su promesa y empezó a prepararse para el sacerdocio. Se fue a Nápoles, y allá, apenas ordenado sacerdote, se unió a un grupo de religiosos que se dedicaba a asistir a los presos de las cárceles.

En 1588 el Papa Sixto V aprobó la nueva Congregación que Francisco y sus compañeros fundaron y les fue concedida la edificación que está junto a la famosa Basílica Santa María la Mayor. Los miembros de la Orden -a los que se les conoce como Caracciolos o caracciolinos- trabajaban en las cárceles y hospitales, anunciando al Señor en difíciles circunstancias, recorriendo calles y pueblos. El trabajo para el Reino de Dios era duro, pero el tiempo dedicado a la oración y a la vida en común era su sustento.

En 1607 Francisco Caracciolo renunció al cargo de superior general para dedicarse a la oración y la meditación. En su habitación, en Nápoles, fue encontrado varias veces en el suelo con los brazos en cruz, en éxtasis de cara a su crucifijo.

Murió a los 44 años víctima de unas fiebres intensas, el 4 de junio del año 1608.

Fue beatificado por el papa Clemente XIV el 4 de junio de 1769 y canonizado por el Papa Pío VII el 24 de mayo de 1807.

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