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Hoy el santoral recuerda a San José Sánchez del Río, Santa Escolástica y al Beato Stepinac

10 Febrero. Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda Santa Escolástica, San José Sánchez del Río y al Beato Stepinac. Evangelio de hoy.

Primer Libro de los Reyes 11,4-13.

Así, en la vejez de Salomón, sus mujeres les desviaron el corazón hacia otros dioses, y su corazón ya no perteneció íntegramente al Señor, su Dios, como el de su padre David.
Salomón fue detrás de Astarté, la diosa de los sidonios, y detrás de Milcóm, el abominable ídolo de los amonitas.
El hizo lo que es malo a los ojos del Señor, y no siguió plenamente al Señor, como lo había hecho su padre David.
Fue entonces cuando Salomón erigió, sobre la montaña que está al este de Jerusalén, un lugar alto dedicado a Quemós, el abominable ídolo de Moab, y a Milcóm, el ídolo de los amonitas.
Y lo mismo hizo para todas sus mujeres extranjeras, que quemaban incienso y ofrecían sacrificios a sus dioses.
El Señor se indignó contra Salomón, porque su corazón se había apartado de él, el Dios de Israel, que se le había aparecido dos veces
y le había prohibido ir detrás de otros dioses. Pero Salomón no observó lo que le había mandado el Señor.
Entonces el Señor dijo a Salomón: “Porque has obrado así y no has observado mi alianza ni los preceptos que yo te prescribí, voy a arrancarte el reino y se lo daré a uno de tus servidores.
Sin embargo, no lo haré mientras tú vivas, por consideración a tu padre David: se lo arrancaré de las manos a tu hijo.
Pero no le arrancaré todo el reino, sino que le daré a tu hijo una tribu, por consideración a mi servidor David y a Jerusalén, la que yo elegí”.

Salmo 106(105),3-4.35-36.37.40.

¡Felices los que proceden con rectitud,
los que practican la justicia en todo tiempo!
Acuérdate de mi, Señor,
por el amor que tienes a tu pueblo;

visítame con tu salvación,
se mezclaron con los paganos
e imitaron sus costumbres;
rindieron culto a sus ídolos,

que fueron para ellos una trampa.
Sacrificaron en honor de los demonios
a sus hijos y a sus hijas;
por eso el Señor se indignó contra su pueblo

y abominó de su herencia.

Evangelio según San Marcos 7,24-30.

Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.
Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
El le respondió: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”.
Pero ella le respondió: “Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos”.
Entonces él le dijo: “A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija”.
Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.
Extraído de la Biblia: Libro del Pueblo de Dios.

Hoy es la fiesta de San José Sánchez del Río, el niño mexicano mártir de la guerra cristera

Cada 10 de febrero la Iglesia Católica celebra la fiesta de San José Luís Sánchez del Río, el niño mexicano que entregó la vida en el martirio durante la persecución religiosa desatada en México en la segunda década del siglo XX.

José Sánchez del Río nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán (México). Fue el último de varios hermanos. Desde pequeño dio muestras de fervor religioso y compromiso con el catolicismo de su país, amenazado por el anticlericalismo. Como muchos chicos católicos de su edad se unió a las ACJM (Asociación católica de juventud mexicana).

Ley Calles

En 1926, las leyes anticlericales del gobierno del presidente de México, Plutarco Elías Calles, obligaron a la Iglesia Católica a suspender el culto público en el país. En ese momento, José tenía apenas trece años y cinco meses.

Como respuesta a las disposiciones gubernamentales orientadas a restringir la libertad religiosa, laicos, presbíteros y religiosos decidieron levantarse en armas en defensa de la fe católica. A este grupo de valientes amantes de la fe se les denominó “cristeros”. José, a pesar de su corta edad, terminaría formando parte del grupo.

La orden del Presidente Calles fue acabar con el levantamiento e imponer a cualquier costo la denominada “Ley de tolerancia de cultos”. La violencia con la que arremetió el gobierno mexicano desató una guerra civil que no tardó en convertirse en un baño de sangre, siendo las milicias cristeras las que llevaron la peor parte.

A esta guerra se le conoce como la “Guerra Cristera” o “Cristiada”; y se estima que fueron 250 mil personas las que perdieron la vida a causa de este conflicto, entre los años 1926 y 1929.

El ‘fruto maduro’ de los Sánchez del Río

Los hermanos de José decidieron unirse al grupo levantado en armas, pero dada la corta edad de José, su madre le prohibió que hiciese lo mismo. A pesar del intento por disuadirlo, la mujer solo logró sacar del pequeño las palabras que hoy lo identifican: “Mamá, nunca había sido tan fácil ganarse el cielo como ahora, y no quiero perder la ocasión”.

“Joselito”, como también lo llamaban, se enlistó como soldado del general Prudencio Mendoza, jefe de la milicia cristera, con el deseo de contribuir a la defensa de la causa de Cristo y de su Iglesia.

¡Viva Cristo Rey!

El 6 de febrero de 1928 se produjo un duro combate entre los cristeros y el ejército mexicano. Tras la batalla, San José Sánchez del Río fue capturado en Cotija y lo llevaron a la parroquia de Sahuayo, donde lo encerraron. Fue allí donde José escribió la célebre carta de despedida a su madre. El día 10 lo sacaron rumbo a las instalaciones cercanas del ército federal para torturarlo. Ese sería su último día de vida. José tenía 14 años de edad. Sus verdugos, todos oficiales del gobierno del presidente Calles, le exigieron que reniegue de su fe; petición a la que el jovencito jamás accedió. Entonces le desollaron la planta de los pies y así lo condujeron descalzo hasta el lugar donde se hallaba la que sería su tumba. Mientras caminaba, José Luis rezaba y gritaba “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!”.

Fue colgado de un árbol ubicado frente al hoyo en tierra donde luego tiraron su cuerpo. Mientras era sometido al ahorcamiento le daban de puñaladas. Finalmente, uno de los verdugos -al que llamaban ‘el Zamorano’- lo bajó y le preguntó qué mensaje quería que se le dé a sus padres. El niño respondió: “Que viva Cristo Rey, y que en el cielo nos veremos”. Oída la respuesta, el hombre le dio un tiro en la sien.

Cristiada

San José Sánchez del Río fue beatificado en Guadalajara (México) el 20 de noviembre de 2005 por el Cardenal José Saraiva Martins, y canonizado en Roma (Italia) por el Papa Francisco el 16 de octubre de 2016 junto a otros seis beatos, entre ellos el argentino Cura Brochero.

En el año 2012 se estrenó “Cristiada”, una película que hace un recuento de varios momentos importantes de la Guerra Cristera y, en particular, de la vida del Beato Anacleto González, de San José Sánchez del Río y de otros santos mártires mexicanos.

Hoy es la fiesta de Santa Escolástica, hermana melliza del primer monje de Europa

Hoy, 10 de febrero, la Iglesia celebra a Santa Escolástica, religiosa italiana, hermana melliza de San Benito de Nursia, fundador del monacato occidental, patrono de Europa. Al lado de su hermano, Escolástica contribuyó a la formación, fortalecimiento y desarrollo de la vida contemplativa dentro de la Iglesia desde finales del s. V.

Escolástica y Benito se consagraron desde muy jóvenes a Dios y compartieron el espíritu de lo que hoy conocemos como espiritualidad benedictina, alcanzando, a través de esta, la santidad.

Llamados a la santidad desde el vientre

Los benedictinos señalan que mientras Benito residía en el célebre monasterio que fundó, Montecassino (Italia), Escolástica se estableció en el monasterio de Plombariola, fundado también por su hermano, con la idea de albergar allí a las mujeres que quisieran vivir dedicadas a la contemplación. Allí, Escolástica llegó a ser abadesa.

Otras fuentes indican como probable que la santa haya vivido no exactamente en un monasterio sino en una ermita, junto a una o dos religiosas, construida en la base del monte en cuya parte más alta estaba el monasterio en el que vivía su hermano (Montecassino).

Sea como fuere, los hermanos mantuvieron un lazo espiritual a todas luces ejemplar para quienes desean seguir a Cristo de cerca, a través de la oración. Quizás, entre ellos hubo esa “complicidad” que tienen los hermanos, pero encaminada a agradar al Señor.

La oración produce el vínculo más fuerte

Santa Escolástica nació hacia el año 480, en lo que hoy es el municipio italiano de Nursia, en el seno de una familia noble. La historia más difundida sobre ella señala que solía pasar la mayor parte del tiempo en oración y, por lo menos una vez al año, iba a visitar a su hermano y compartir con él asuntos espirituales. Cuando llegaba el tiempo, San Benito salía de su monasterio a su encuentro, dado que a Escolástica -como a la gran mayoría de mortales- le estaba prohibido ingresar a Montecassino.

Sobre la última vez que los hermanos se encontraron, San Gregorio escribió una hermosa narración. De acuerdo a dicho relato, Escolástica, estando en compañía de su hermano y presintiendo que no volvería a verlo más, le rogó que no partiera aquella noche sino al día siguiente. Inicialmente San Benito se negó -no quería contravenir las reglas de su monasterio-; pero, Santa Escolástica le pidió a Dios con fervor que interviniera, e inmediatamente estalló una fuerte tormenta que impidió que su hermano pudiera partir.

Ambos pasaron la noche en oración, hablando de Dios y de las delicias espirituales. Tres días después, Escolástica súbitamente murió. La noche de su muerte Benito tuvo una visión del alma de su hermana ascendiendo al cielo en forma de una paloma.

Cuarenta días después, Benito también fue llamado a la Presencia de Dios.

Frutos de la fraternidad

Grande era el amor fraterno entre Escolástica y Benito, lleno de intensidad espiritual; grande era también el deseo de ambos de vivir la santidad como obediencia perpetua a Dios, asentada sobre la confianza en Él; grande el premio que Dios les dio manteniéndolos unidos en su nombre para siempre.

Santa Escolástica de Nursia fue la fundadora de la rama femenina del monaquismo benedictino. Es patrona de las monjas, de los niños que sufren convulsiones y de algunas ciudades como Le Mans en Francia, o Alcolea de Calatrava en España. También se pide su intercesión en las tormentas y las lluvias torrenciales. Su fiesta se celebra el 10 de febrero.

Hoy la Iglesia celebra al Beato Stepinac, vencedor de las ideologías y totalitarismos del siglo XX

Hoy, 10 de febrero, la Iglesia recuerda al Beato Cardenal Aloysius Viktor Stepinac, quien fuera la cabeza de la Iglesia Católica en Croacia desde 1934 hasta su muerte en 1960.

El Cardenal Aloysius Stepinac tiene el mérito de haber conducido a los católicos a partir de 1945, año en que se impuso el régimen comunista en su nación bajo las órdenes del Mariscal Tito, jefe de estado de la entonces Yugoslavia, a la que Croacia estaba anexada. Tito lo persiguió y hostigó judicialmente con el ánimo de acallarlo.

Un Pastor forjado en el dolor de la guerra

Alojzije -su nombre en croata- Stepinac nació el 8 de mayo de 1898 en Krasic (Croacia). Sus padres, campesinos humildes, lo educaron en la verdad y en el amor a la vida. De joven, Aloysius decide consagrarse al servicio de Dios. Había pasado la I Guerra Mundial y en Europa se vivía el hambre, la desolación y la pérdida de valores.

El 26 de octubre de 1930, a los 32 años de edad, fue ordenado sacerdote en Roma. Cuatro años después es consagrado arzobispo, con derecho a sucesión de la sede de la ciudad de Zagreb. De esta manera se convirtió en el arzobispo más joven del mundo. Con solo 36 años, empezó a destacar como defensor de los derechos de los hombres y mujeres de su patria, sin hacer distinción de credo, etnia o nacionalidad.

Su nación padecía un ataque en todos los frentes y había crisis en todos los sectores. Durante la cruenta II Guerra Mundial, protegió a los perseguidos, expatriados y necesitados, levantando la voz ante las injusticias.

En 1945, terminada la II Guerra Mundial, su nación fue incorporada por la fuerza a Yugoslavia, cuyo régimen conculcó todo tipo de derechos, entre los que figuraba los relativos a la libertad de credo.

Víctima de las ideologías totalitarias

Comenzó así una nueva batalla para el joven arzobispo, que veía cómo sus sacerdotes eran apresados y torturados, y cómo sus hermanos en la fe eran hostilizados. Stepinac se convirtió en testigo sufriente de la expropiación de Iglesias y la destrucción de las escuelas católicas.

En un intento por controlar al pueblo Croata, fiel a su fe, el Mariscal Tito, le propuso a Stepinac, que ya gozaba de gran prestigio por su valentía y fidelidad, que se separe de Roma y forme una nueva iglesia, la “Iglesia Nacional”. Esta “Iglesia” sería dependiente de la autoridad comunista, y la dictadura, a cambio, le ofrecía poder y seguridad. En un movimiento arriesgado, Stepinac se negó en todas las formas.

Entonces, en represalia, las autoridades comunistas lo acusaron de ser colaborador nazi y lo sometieron a un polémico juicio, con leyes creadas especialmente para su proceso. Siendo inocente terminó condenado a 16 años de trabajo forzado. La respuesta de Stepinac a la sentencia fue: “Yo sé cual es mi deber. Con la Gracia Divina lo cumpliré hasta el final, sin odio contra nadie, pero también sin miedo a nadie”.

La prensa mundial condenó el proceder de los jueces y el gobierno. Entonces, los agentes del gobierno presionaron a su madre para hacerlo callar, la torturaron y la confinaron a un campo de concentración. Uno de los hermanos del Arzobispo corrió similar suerte.

Un corazón fiel donde no cabe el odio

El 29 de noviembre de 1951, el Papa Pío XII lo creó cardenal estando en la cárcel. Los ojos del mundo se dirigieron sobre él y se esperaba que fuese liberado. Como no lo podían ejecutar, el gobierno lo sometió a una muerte lenta y dolorosa. Instalaron junto a su celda máquinas de rayos X para irradiarlo todas las noches y debilitarlo hasta provocarle una muerte dolorosa.

Siguiendo el modelo de Cristo, el Beato soportó sin odio su martirio, ofreciendo su dolor por su pueblo. El Cardenal Stepinac murió el 10 de febrero de 1960. Sus últimas palabras fueron registradas por sus carceleros: “Fiat voluntas tua” (Que se haga tu voluntad).

El triunfo del Evangelio sobre las ideologías

El 3 de octubre de 1998, el Papa San Juan Pablo II lo proclamó beato de la Iglesia Católica. En su homilía, el Papa aseguró que en su beatificación “reconocemos la victoria del Evangelio de Jesucristo sobre las ideologías totalitarias; la victoria de los derechos de Dios y de la conciencia sobre la violencia y las vejaciones; la victoria del perdón y de la reconciliación sobre el odio y la venganza”.

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