Dios en la Tierra

Hoy es fiesta de Santa Margarita de Alacoque, servidora del Sagrado Corazón de Jesús

16 de octubre. Sábado de la vigesimoctava semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda a Santa Margarita María Alacoque. Compartimos el evangelio de hoy.

Carta de San Pablo a los Romanos 4,13.16-18.

Hermanos:
En efecto, la promesa de recibir el mundo en herencia, hecha a Abraham y a su posteridad, no le fue concedida en virtud de la Ley, sino por la justicia que procede de la fe.
Por eso, la herencia se obtiene por medio de la fe, a fin de que esa herencia sea gratuita y la promesa quede asegurada para todos los descendientes de Abraham, no sólo los que lo son por la Ley, sino también los que lo son por la fe. Porque él es nuestro padre común,
como dice la Escritura: Te he constituido padre de muchas naciones. Abraham es nuestro padre a los ojos de aquel en quien creyó: el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia a las cosas que no existen.
Esperando contra toda esperanza, Abraham creyó y llegó a ser padre de muchas naciones, como se le había anunciado: Así será tu descendencia.

Salmo 105(104),6-7.8-9.42-43.

Descendientes de Abraham, su servidor,
hijos de Jacob, su elegido:
el Señor es nuestro Dios,
en toda la tierra rigen sus decretos.

El se acuerda eternamente de su alianza,
de la palabra que dio por mil generaciones,
del pacto que selló con Abraham,
del juramento que hizo a Isaac.

Él se acordó de la palabra sagrada,
que había dado a Abraham, su servidor,
e hizo salir a su pueblo con alegría,
a sus elegidos, entre cantos de triunfo

Evangelio según San Lucas 12,8-12.

Les aseguro que aquel que me reconozca abiertamente delante de los hombres, el Hijo del hombre lo reconocerá ante los ángeles de Dios.
Pero el que no me reconozca delante de los hombres, no será reconocido ante los ángeles de Dios.
Al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonará; pero al que blasfeme contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.
Cuando los lleven ante las sinagogas, ante los magistrados y las autoridades, no se preocupen de cómo se van a defender o qué van a decir,
porque el Espíritu Santo les enseñará en ese momento lo que deban decir”.

Hoy es fiesta de Santa Margarita de Alacoque, servidora del Sagrado Corazón de Jesús

Cada 16 de octubre la Iglesia celebra a Santa María Margarita Alacoque (1647-1690), religiosa francesa de la Orden de la Visitación de Santa María, conocida por haber sido testigo y depositaria de las promesas y revelaciones del Sagrado Corazón de Jesús. Las apariciones del Señor, en las que mostró su amoroso corazón a Margarita, se produjeron en el lugar donde hoy se sitúa la Basílica del Sagrado Corazón en Paray-le-Monial (Francia).

Santa Margarita María nació en Verosvres (Francia) en 1647. Cuando tenía ocho años, en 1655, su padre murió y ella ingresó al internado de las hermanas clarisas donde empezó a sentirse atraída por la vida en común que llevaban las religiosas. Recibió la Primera Comunión a los nueve años. Dos años después lamentablemente desarrolló una dolorosa enfermedad reumática que la obligó a guardar cama, por lo que tuvo que regresar a su casa. En esas circunstancias, Margarita buscó consuelo en la Virgen María, a quien prometió que si le devolvía la salud, se haría una de sus hijas. Después de casi cuatro años postrada, milagrosamente Margarita recobró la salud. Margarita siempre atribuyó su curación a la Madre de Dios.

La infancia de esta santa también estaría marcada por los problemas familiares. La muerte de su padre precipitó que su abuela paterna y dos de sus tías se muden a su casa. Sus familiares se apoderaron de todo y comenzaron a maltratar a su madre. A Margarita no la dejaban salir a la Iglesia a no ser para la misa del domingo, lo que se convirtió para ella en fuente de gran tristeza. La mamá de Margarita y sus cinco hermanos quedaron en condición de semiesclavitud. En medio de los maltratos le pareció que nuestro Señor le pedía que lo imitara lo mejor posible en sobrellevar las penas y dolores, como las que Él sufrió en su pasión y muerte. En adelante, Margarita empezó a aceptar las penas y dolores con gran paciencia y amor, con el deseo de asemejarse a Cristo sufriente. Lo que más le atraí­a a la joven Margarita era el Sagrario donde está Jesús Sacramentado. Ella relata cómo el Señor se le manifestaba en aquellos momentos de oración: “Soy lo mejor que en esta vida puedes elegir. Si te decides a dedicarte a mi servicio tendrás paz y alegría. Si te quedas en el mundo tendrás tristeza y amargura”.

Margarita, entonces, decidió hacerse religiosa, aun cuando no contase con el apoyo de sus familiares. Así, en 1671 fue admitida en la comunidad de La Visitación, fundada por San Francisco de Sales. Entró al convento de Paray-le-Monial. Allí pasó por momentos difíciles, algunos causados por la dureza de trato de sus superioras o por las personalidades conflictivas de algunas de sus hermanas.

El 27 de diciembre de 1673 se le apareció por primera vez el Sagrado Corazón de Jesús. Ella había pedido permiso para ir los jueves de 9 a 12 de la noche a rezar ante el Santísimo Sacramento, en memoria de las tres horas que Jesús pasó orando y sufriendo en el Huerto de Getsemaní. De pronto se abrió el sagrario y se le apareció el Señor Jesús. Jesucristo tenía expuesto su Sagrado Corazón, con una llaga, rodeado de llamas y una corona de espinas encima. Jesús, señalando su corazón con la mano, le dijo: “He aquí el corazón que tanto ha amado a la gente y en cambio recibe ingratitud y olvido. Tú debes procurar desagraviarme”. Dios le pedía de esta manera a Margarita que se dedicara a propagar la devoción al Corazón de Jesús.

El Corazón de Jesús se le apareció durante 18 meses, en los que el Señor le pidió repetidas veces que se celebre una fiesta dedicada a su Sagrado Corazón, el viernes de la semana siguiente a la Fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo (Corpus Christi).

Además, el Corazón de Jesús le comunicó a Santa Margarita un conjunto de promesas para quienes se hiciesen devotos de su Corazón. Margarita lo relata así: “Bendecirá las casas donde sea expuesta y honrada la imagen de mi Sagrado Corazón. Dará paz a las familias. A los pecadores los volverá buenos y a los que ya son buenos los volverá santos. Asistirá en la hora de la muerte a los que me ofrezcan la comunión de los primeros Viernes (del mes) para pedirme perdón por tantos pecados que se cometen”.

Por esas cosas de Dios, el sacerdote jesuita San Claudio de la Colombiere fue nombrado capellán del convento de Margarita. Gracias a ese vínculo, la Compañía de Jesús se hizo, a la larga, propagadora de la devoción al Corazón de Jesús por todo el mundo.

Al final de sus días, Margarita fue nombrada Maestra de novicias. El Corazón de Jesús le dijo: “Si quieres agradarme confía en Mí. Si quieres agradarme más, confía más. Si quieres agradarme inmensamente, confía inmensamente en Mí”.

El 17 de octubre de 1690, en Paray-le-Monial, Margarita fue llamada a la Casa del Padre. Su muerte se produjo en paz, en buena parte porque llegó a ver cómo su comunidad se había transformado gracias al Sagrado Corazón, y cómo mucho del rechazo que inicialmente hubo contra esta devoción había desaparecido. Santa Margarita murió llena de alegría, confiada en que estaría para siempre al lado de su amadísimo Señor, cuyo corazón había enseñado ella a amar.

Desde los monasterios de las Visitandinas se siguió propagando la devoción al Corazón de Jesús y así, en 1765, el Papa Clemente XIII introdujo la Fiesta del Sagrado Corazón para la ciudad de Roma. Hacia 1856, el Beato Pío IX la extendió a toda la Iglesia y finalmente, en 1920, Margarita fue proclamada santa por el Papa Emérito Benedicto XV.

“Cuando uno ama, todo habla de amor, hasta los trabajos que requieren nuestra total atención pueden ser un testimonio de nuestro amor”.
Santa María Margarita Alacoque

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