Dios en la Tierra

Hoy es la fiesta de San Antonio María Claret

24 Octubre. Sábado de la vigesimonovena semana del Tiempo Ordinario. El santoral recuerda a San Luis Guanella y a San Antonio María Claret.
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Carta de San Pablo a los Efesios 4,7-16.

Hermanos:
Cada uno de nosotros ha recibido su propio don, en la medida que Cristo los ha distribuido.
Por eso dice la Escritura: Cuando subió a lo alto, llevó consigo a los cautivos y repartió dones a los hombres.
Pero si decimos que subió, significa que primero descendió a las regiones inferiores de la tierra.
El que descendió es el mismo que subió más allá de los cielos, para colmar todo el universo.
El comunicó a unos el don de ser apóstoles, a otros profetas, a otros predicadores del Evangelio, a otros pastores o maestros.
Así organizó a los santos para la obra del ministerio, en orden a la edificación del Cuerpo de Cristo,
hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto y a la madurez que corresponde a la plenitud de Cristo.
Así dejaremos de ser niños, sacudidos por las olas y arrastrados por el viento de cualquier doctrina, a merced de la malicia de los hombres y de su astucia para enseñar el error.
Por el contrario, viviendo en la verdad y en el amor, crezcamos plenamente, unidos a Cristo. El es la Cabeza,
y de él, todo el Cuerpo recibe unidad y cohesión, gracias a los ligamentos que lo vivifican y a la acción armoniosa de todos los miembros. Así el Cuerpo crece y se edifica en el amor.

Salmo 122(121),1-2.3-4a.4b-5.

¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la Casa del Señor!»
Nuestros pies ya están pisando
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén, que fuiste construida
como ciudad bien compacta y armoniosa.
Allí suben las tribus,
las tribus del Señor.

Porque allí está el trono de la justicia,
el trono de la casa de David.

Evangelio según San Lucas 13,1-9.

En ese momento se presentaron unas personas que comentaron a Jesús el caso de aquellos galileos, cuya sangre Pilato mezcló con la de las víctimas de sus sacrificios.
El les respondió: “¿Creen ustedes que esos galileos sufrieron todo esto porque eran más pecadores que los demás?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera.
¿O creen que las dieciocho personas que murieron cuando se desplomó la torre de Siloé, eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera”.
Les dijo también esta parábola: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar frutos y no los encontró.
Dijo entonces al viñador: ‘Hace tres años que vengo a buscar frutos en esta higuera y no los encuentro. Córtala, ¿para qué malgastar la tierra?’.
Pero él respondió: ‘Señor, déjala todavía este año; yo removeré la tierra alrededor de ella y la abonaré.
Puede ser que así dé frutos en adelante. Si no, la cortarás'”.

Amén

Hoy es la fiesta de San Antonio María Claret, fundador de los Misioneros Claretianos

“Oh Virgen y Madre de Dios… soy hijo y misionero vuestro, formado en la fragua de vuestra misericordia y amor” decía San Antonio María Claret, cuya fiesta se celebra cada 24 de octubre.

San Antonio María Claret nació en Sallent, Barcelona, España, en 1807. En su juventud fue obrero textil, por lo que se le considera patrón de los tejedores y de la industria textil de Cataluña. Desde pequeño se destacó por su amor a la Eucaristía y a la Virgen María. De hecho, Antonio profesaba un gran amor por la Madre de Dios y la tenía como protectora. Un día, siendo muy joven, fue de paseo a la playa con unos amigos. De pronto, mientras caminaba por la orilla, fue arrastrado mar adentro por una ola muy grande. Como no sabía nadar, empezó a ahogarse. Preso del pánico, alcanzó a gritar: “Virgen Santa, sálvame”. De pronto, -no sabía bien explicar cómo- estaba de regreso en la orilla, sano y salvo. Desde ese día Antonio supo muy bien que la Virgen lo había salvado.

Años más tarde ingresa al seminario y es ordenado sacerdote en 1835. Primero asumió un cargo parroquial, pero su deseo más grande era ser misionero. Renunciando a su cargo, empezó a predicar el Evangelio, primero en las periferias de Cataluña y luego a las Islas Canarias. En 1849 fundó la orden de los Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María -conocidos como “claretianos”-.

Posteriormente es enviado a Cuba por pedido del Papa, donde llegó a ser arzobispo de Santiago de Cuba. Allí trabajó en reordenar la vida eclesial -la arquidiócesis había estado sin pastor por más de una década-, y combatir las injusticias sociales. El arzobispo Claret se enfrentó a los europeos que maltrataban a los indios y preparó una edición de las Leyes de Indias para facilitar su divulgación, ya que estas intentaban suavizar el trato hacia los esclavos.

Claret, odiado por los esclavistas, fue blanco de numerosas amenazas. Incluso un hombre intentó asesinarlo con un cuchillo. Providencialmente, el atacante solo logró cortarle parte del rostro y el brazo derecho. Aunque quedó mal herido por un buen tiempo, repuestas las fuerzas, inició uno más de sus recorridos por la arquidiócesis, hasta que abandonó la isla rumbo a España.

De regreso a Europa continuó escribiendo textos relacionados a la fe y la doctrina; así como textos espirituales para ayudar a la formación de los sacerdotes y religiosos. En uno de ellos hace explícita su devoción y confianza en nuestra Madre: “Rezadle el Santo Rosario todos los días con devoción y fervor y veréis como María Santísima será vuestra Madre, vuestra abogada, vuestra medianera, vuestra maestra, vuestro todo después de Jesús”.

Antonio María se convirtió en confesor de la reina de España, Isabel II, cargo por el que sería desterrado junto a ella cuando fue destronada en 1868. Por esa razón, permanece en Francia hasta el final de sus días. Solo interrumpió dicha estadía cuando fue convocado a Roma por Pio IX para participar del Concilio Vaticano I, en 1869. Dado que el Concilio no pudo concluir, regresó a Francia donde murió perseguido y desterrado, en 1870.

San Antonio María Claret también fue fundador de la Congregación de Religiosas de María Inmaculada, hoy Misioneras Claretianas.

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