Dios en la Tierra

Hoy se recuerda a Santa Eufrasia

Fuente:ACI
13 Marzo. Sábado de la tercera semana de Cuaresma. El santoral recuerda a San Leandro de Sevilla, San Rodrigo y a Santa Eufrasia.
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Libro de Oseas 6,1-6.

«Vengan, volvamos al Señor: él nos ha desgarrado, pero nos sanará; ha golpeado, pero vendará nuestras heridas.
Después de dos días nos hará revivir, al tercer día nos levantará, y viviremos en su presencia.
Esforcémonos por conocer al Señor: su aparición es cierta como la aurora. Vendrá a nosotros como la lluvia, como la lluvia de primavera que riega la tierra».
¿Qué haré contigo, Efraím? ¿Qué haré contigo, Judá? Porque el amor de ustedes es como nube matinal, como el rocío que pronto se disipa.
Por eso los hice pedazos por medio de los profetas, los hice morir con las palabras de mi boca, y mi juicio surgirá como la luz.
Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos.

Salmo 51(50),3-4.18-19.20-21ab.

¡Ten piedad de mí, Señor, por tu bondad,
por tu gran compasión, borra mis faltas!
¡Lávame totalmente de mi culpa
y purifícame de mi pecado!

Los sacrificios no te satisfacen;
si ofrezco un holocausto, no lo aceptas:
mi sacrificio es un espíritu contrito,
tú no desprecias el corazón contrito y humillado.

Trata bien a Sión, Señor, por tu bondad;
reconstruye los muros de Jerusalén.
Entonces aceptarás los sacrificios rituales
-las oblaciones y los holocaustos-.

Evangelio según San Lucas 18,9-14.

Refiriéndose a algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás, dijo también esta parábola:
“Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano.
El fariseo, de pie, oraba así: ‘Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, que son ladrones, injustos y adúlteros; ni tampoco como ese publicano.
Ayuno dos veces por semana y pago la décima parte de todas mis entradas’.
En cambio el publicano, manteniéndose a distancia, no se animaba siquiera a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: ‘¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador!’.
Les aseguro que este último volvió a su casa justificado, pero no el primero. Porque todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado”.

Amén

Hoy se conmemora a Santa Eufrasia, Virgen eremita

Santa Eufrasia vivió en el siglo IV y fue hija de un pariente del emperador romano Teodosio I. Según la tradición provenía de una familia noble y por ello fue tentada recurrentemente por el demonio a llevar una vida de opulencia.

También fue atacada por satanás mientras trabajaba o ayunaba, pero siempre continuó con sus sacrificios para que sean agradables a Dios. Fue así que recibió el don de hacer milagros y echar malos espíritus. Sanó muchos enfermos y poseídos: como a un niño que no podía andar o a una monja poseída que le hacía la vida imposible.

Cuando Eufrasia tenía un 1 año falleció su padre y fue criada bajo la protección del emperador Teodosio I, quien se encargó de cuidar tanto a ella como a su madre. Al cumplir los 5 años el emperador la comprometió en matrimonio con el hijo de un rico senador romano para cuando tuviera edad suficiente.

A los 7 años Eufrasia viajó junto a su madre a Egipto donde conocieron a eremitas y monjes de la Tebaida. Empezaron a visitar el monasterio de Santa María, fundado por San Cirilo de Alejandría y Santa Sara y se hicieron amigas de las monjas del lugar.

La pequeña Eufrasia se sintió atraída fuertemente hacia la vida religiosa eremita y rogó a las monjas que le permitieran permanecer con ellas, tomando los hábitos como novicia a la edad de 8 años. Pronto su madre falleció, y la santa permaneció en la soledad del convento creciendo en gracia.

Cuando la muchacha cumplió los doce, el Emperador Arcadio recordó la promesa que había hecho su predecesor Teodosio I y envió un mensaje al convento de Egipto rogando a Eufrasia que regresara a casarse con el senador a quien había prometido.

La santa se negó a abandonar el convento y escribió una carta al emperador suplicando que la dejara en libertad, que vendiese todos los bienes heredados de sus padres para que sean distribuidos entre los pobres así como dejar libres a todos los esclavos de su casa.

El emperador accedió a los deseos de Eufrasia pese a considerar que su herencia debía pertenecerle. La joven prosiguió con su vida en el convento atravesando diversas tentaciones que combatió con la gracia, caridad e invocando el nombre de Cristo.

Cuando la santa alcanzo los 30 años la abadesa del convento, Sara, tuvo una visión en la que un Cristo glorioso tomaba a Eufrasia por esposa en el paraíso.

Al poco tiempo Santa Eufrasia enfermó, y en su lecho de muerte, tanto Julia su compañera de celda y la abadesa le imploraron a la santa que le obtuviera la gracia de estar con ella en el cielo. Tres días después de la muerte de Eufrasia, Julia falleció y poco tiempo después, lo hizo la abadesa. La fiesta de Santa Eufrasia se celebra el 13 de marzo.

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