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Solidaridad, trabajo y educación

Columna sobre cooperativismo por Pedro Aguer, especial para Mundo Rural.
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Es mucho lo que se habla, lo que se promete, en torno a lo cual son también muchas las expectativas. Abundan la demagogia, el autoritarismo, y las culpas van y vienen pero los culpables siguen vivitos y coleando, saben cómo hacer para no ser alcanzados por la justicia.

En consecuencia la incertidumbre de lo estructural se encuentra con la de la pandemia sin que haya miras de la claridad suficiente para que se cierre la grieta. Ésta sigue dañando la convivencia y los efectos son cada vez más graves y desconcertantes. Los males que azotan a la sociedad seguirán produciendo decadencia si no nos proponemos solidariamente resolverlos, eliminándolos y evitando que se repitan.

La solidaridad es el único salvavidas. Los pueblos o se salvan a sí mismos o no los salva nadie.

Son dos los caminos para ello: la creación de fuentes de trabajo y la educación, asumidas como política de Estado y como motivo movilizador de la conciencia colectiva.

La democracia no es sólo votar sino participar. La participación transparenta la realización del desarrollo social. Si nos esforzamos por concretar proyectos e ideales, para revertir la disociación y recuperar la seguridad iremos encontrando las viabilidades correspondientes.

La solidaridad es el esfuerzo propio puesto al servicio de la ayuda mutua, de la beneficencia, y cuando interviene el Estado, del asistencialismo. Cuándo éste interviene lo hace como huésped intermediario pues lo que otorga proviene de la sociedad en su conjunto. Su aporte es circunstancial, inducido por la emergencia, cuya función es acompañar a los damnificados hasta que sea superada la causa que los puso en esa situación.

Es en la simultaneidad de la solidaridad, la generación de trabajo y la educación, como la comunidad logra salir de las crisis y consolidar el avance hacia el porvenir.

En este proceso el cooperativismo y el mutualismo, están preparados para aportar su experiencia demostrada a lo largo de la historia. Ambos movimientos son parte de las distintas formas oganizacionales de la solidaridad.

Hoy, la humanidad toda, necesita de ellos, más que nunca. Deberían tomar nota los partidos políticos y dictar cursos sobre sus logros, su teoría, su funcionamiento, para que su esencialidad autogestionaria, le dé al pueblo las salidas que no le dan el Estado ni organizaciones de otro carácter económico, porque no pueden o no les conviene comercialmente.

Es importante dejar en claro que el Estado no debe crearlas ni inmiscuirse en su intimidad, sino impulsar su conocimiento, con políticas de fomento, que les permita desenvolverse sin trabas tributarias y protegiéndolas con ayuda financiera en caso de ser necesario.

En ellas hay un fuerte contenido educacional, pues deben guardar una praxis democrática, equitativa, y de ejercicio pleno de la libertad individual.

Por cierto, es muy importante tomar conciencia que más que cooperativas y mutuales, es imprescindible que haya cooperativistas y mutualistas.

Ser solidarios para ayudarnos, trabajar para producir lo necesario para vivir dignamente y educarnos para progresar, debería ser la consigna para la reparación en un mundo mejor, donde la economía sea para la emancipación del hombre no para esclavizarlo.

por Pedro Aguer

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