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La revolución que necesitamos es la de la tolerancia no la de la prepotencia

Columna sobre cooperativismo por Pedro Aguer.
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La vida, en su trascendencia; las ocupaciones, en el ordenamiento de la conducta humana; la educación manteniendo la armonía; la voluntad en función de la normalidad; las crisis carenciales… como otras cuestiones fundamentales, que merecen ser atendidas para lograr compensar el esfuerzo con resultados que sustenten progresivamente el mejoramiento de la convivencia. Todo valorando siempre la evolución natural y sus resultados.

En la medida en que conversemos más entre nosotros tratando de encontrar soluciones consensuadas, aprendiendo a valorar la potencialidad de la solidaridad, concurriendo humildemente a crear nuevas organizaciones , fortaleciendo las existentes, iremos cultivando una conciencia dispuesta a respetar la libertad, la igualdad y la equidad como base fundacional imprescindible.

En las actuales organizaciones, cooperativas y mutuales, hay mucho de esto, sin que ello implique considerarlas como la panacea.

Debemos aprender que si bien nada es perfecto, todo es perfectible, y que es mucho lo que queda por hacer contra la pobreza y la marginalidad de las mayorías populares.

Esta es la la prioridad, con la salud y la educación, para que la política recupere su razón de ser.

Mientras tanto es posible echar manos a la obra de la autogestión.

En este proyecto sumamos a las organizaciones de la economía social en general.

Ello implica un proceso educacional que comprenda programas direccionados en tal sentido, que formen al educando con una orientación en la que los valores éticos y solidarios contribuyan a la formación de una personalidad cada vez menos individualista y cada vez más comunitaria.

Lo planteado requiere la urgencia del tiempo de los que menos tienen, pues no es el mismo de los que están en condiciones de satisfacer las necesidades.

Es oportuno insistir en que nadie es dueño de nadie, que los privilegios deben desaparecer por completo del nuevo mundo que nos toca construir, para que desaparezcan las injusticias de la acumulación especuladora y explotadora del sacrificio de unos en beneficio de la opulencia y el despilfarro de otros.

La solidaridad es la revolución de nuestro tiempo, pues nada será posible cambiar sin participación. Pero necesitamos comprender que debemos ser integradores, cerrando la grieta de los intereses personales, respetando la pluralidad y la diversidad.

por Pedro Aguer

 

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